"La Victoria en la guerra es una forma de preservar las naciones que están a punto de perecer y de perpetuar las sociedades que van a morir; el fracaso en la guerra consiste en perder territorio y en ver amenazada la soberanía. Es por esto por lo que deben examinarse los asuntos militares. Sin embargo, aquellos que disfrutan del militarismo perecerán; y aquellos que ambicionan la victoria sufrirán la desgracia. La guerra no es algo para disfrutar, la victoria no ha de ser un objeto de ambición"
SUN BIN (El Arte de la Guerra II)
"No es razonable que quien está armado obedezca a quien está desarmado, ni que el desarmado se sienta seguro entre servidores armados, ya que -por haber en el uno desdén y en el otro temor- es imposible que actúen junto correctamente. Por eso, un príncipe que no se preocupe del arte de la guerra, aparte de sufrir calamidades, jamás podrá ser apreciado por sus soldados ni tampoco fiarse de ellos"
NICOLAS MAQUIAVELO (El Príncipe)
"Los que ganan todas las batallas no son realmente profesionales; los que consiguen que se rindan impotentes los ejércitos ajenos sin luchar son los mejores maestros del Arte de la Guerra"
SUN TZU (El Arte de la Guerra)
"Un gato grande ve como un gatito trataba de agarrarse la cola y le pregunta: ¿Por qué lo haces? Y el gatito dijo: 'Porque he aprendido que lo mejor es la felicidad y mi cola es la felicidad' Y el gato grande le respondió: 'Yo también sé que mi cola es la felicidad, pero me he dado cuenta que cuando la persigo se me escapa y cuando voy haciendo lo que tengo que hacer ella viene detrás de mí por dondequiera que yo vaya"
Cuento Hindú
"Si nuestra paz mental no fuera disturbada por ideas supersticiosas sobre cometas, estrallas fugaces y otros tipos de fenómenos astronómicos, o por pensar en la muerte (lo que realmente es nada para nosotros), así como por nuestra carencia de entendimiento de los límites del sufrimiento y cómo manejar racionalmente nuestros deseos, no tendríamos necesidad alguna de adquirir un cabal entendimiento de la naturaleza"
Epicuro
"Después de ganar varios concursos de arquería, el joven y jactancioso campeón retó a un maestro Zen que era reconocido por su destreza como arquero. El joven demostró una notable técnica cuando le dió al ojo de un lejano toro en el primer intento, y luego partió esa flecha con el segundo tiro. 'Ahí está', le dijo al viejo, 'a ver si puedes igualar eso'. Inmutable, el maestro no desenfundó su arco, pero invitó al joven arquero a que lo siguiera hacia la montaña. Curioso sobre las intenciones del viejo, el campeón lo siguió hacia lo alto de la montaña hasta que llegaron a un profundo abismo atravesado por un frágil y tembloroso tronco. Parado con calma en el medio del inestable y ciertamente peligroso puente, el viejo eligió como blanco un lejano árbol, desenfundó su arco, y disparó un tiro limpio y directo. 'Ahora tu turno', dijo mientras se paraba graciosamente en tierra firme. Contemplando con horror el abismo aparentemente sin fondo, el joven no pudo obligarse a subir al tronco, y menos hacer el tiro. 'Tienes mucha habilidad con el arco', dijo el maestro, 'pero tienes poca habilidad con la mente que te hace errar el tiro'..."
Cuento Zen